Los médicos extranjeros en la trinchera contra el coronavirus ahora temen ser deportados de EE.U

    Los médicos extranjeros en la trinchera contra el coronavirus ahora temen ser deportados de EE.U

    Cuando Sujit Vakkalanka comenzó a experimentar síntomas de COVID-19, naturalmente se preocupó por su salud. Pero mientras el profesional indio, de 31 años de edad, esperaba los resultados de su prueba, también se sintió angustiado por otra cosa: la visa que le permitía seguir trabajando en Estados Unidos.

    Al igual que muchos médicos extranjeros que ahora trabajan en la primera línea de ataque contra la pandemia en Estados Unidos, la visa H-1B de Vakkalanka está vinculada a su empleo, y el profesional teme perder su estado si sigue enfermo y no puede volver a trabajar rápidamente en un hospital del suroeste de Virginia.

    «Si no sigues trabajando, a veces puedes ser deportado», reconoció el internista.

    A Vakkalanka no le sorprendió tener fiebre. El hospital ha atendido múltiples casos de coronavirus, incluido un paciente con el cual él trató directamente. Y cuando dos practicantes con síntomas se aislaron, lo llamaron en su día libre. Profesionalmente, no tuvo reparos en ir a trabajar.

    «Así es nuestra profesión», reconoció. «Este es nuestro trabajo».

    El sábado, los resultados de su prueba dieron negativos, pero le dijeron que permaneciera en autoaislamiento hasta que los síntomas desaparecieran.

    Sin embargo, más allá de su sentido del deber está la ansiedad por su visa, que ya es incierta dado que expirará, después de tres años, a fines de junio, y el gobierno federal ha suspendido los servicios de rutina y el procesamiento premium de renovaciones para visados H-1B debido al brote de coronavirus. Eso deja a miles de profesionales médicos extranjeros en un limbo inmigratorio.

    Es un peso adicional por soportar, dijeron Vakkalanka y otros también afectados, mientras luchan contra la pandemia.

    Para aquellos cuyas familias los acompañan en Estados Unidos, el miedo es aún más profundo. Cuando un médico extranjero con una visa de no inmigrante muere en EE.UU, sus familiares dependientes pierden inmediatamente su estatus y pueden enfrentar una deportación. «Dios no permita un escenario extremo… Imagine qué ocurrirá con nuestras familias», expresó Rahmath Begum, una doctora india en Mississippi y madre de tres hijos. «Hemos estado aquí por casi 15 años».

    Sumit Bhargava, un compañero de cuidados críticos pediátricos, de 32 años de edad y que trabaja en el sistema de salud de la Universidad de Stanford, se siente igual de ansioso.

    También originario de India, Bhargava trabaja en EE.UU desde 2014 con una visa J-1 para no inmigrantes y fue aceptado para un puesto de tiempo completo en Alabama.

    Con la reducción de los servicios inmigratorios, la visa H-1B que necesita para el nuevo trabajo está en peligro. «Existe una posibilidad real de que una vez que haya terminado con este proceso, no sólo [no pueda] tener empleo, sino que podría convertirme en un inmigrante ilegal en un país donde sudo todos los días en el hospital», afirmó.

    Al final de la semana, ya había 28 casos de COVID-19 en el sistema hospitalario de Stanford, precisaron las autoridades, además de las preocupaciones de no contar con suficientes equipos de protección para los médicos.

    «Nadie tiene miedo en el hospital de cuidar a las personas. Lo que la gente teme es que podamos exponernos al riesgo si no hay formas de protegernos», señaló. «Cada vez que un paciente tiene alguna enfermedad respiratoria, termina en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Y no hay suficiente equipo de protección personal… En las próximas dos semanas se nos agotará».

    En medio de la crisis, Bhargava desearía no sentir la presión adicional de la incertidumbre de la visa. «Lo último en lo que quiero pensar es en priorizar el estado de mi visa cuando hay mucho más por hacer», confesó. «Es realmente aterrador cuando pienso en el hecho de que he invertido tantos años de mi vida aquí… [Podría] perder mi seguridad laboral, la seguridad del lugar donde vivo».

    En Indiana, otro médico indio que buscaba pasar de una visa J-1 a una H-1B trató a 14 pacientes infectados. «Trump dice que esto es una guerra. Y así estamos peleando; somos como soldados», remarcó el doctor, quien pidió permanecer en el anonimato por temor a su estado inmigratorio. «Mientras que luchamos en la trinchera… realmente queremos dar el 100%, y todos los pensamientos deberían estar en una sola cosa. El estrés [de la visa] puede ser aún más difícil».

    Además de los médicos extranjeros que ya están en territorio estadounidense, más de 4.000 graduados internacionales entrantes que el mes pasado coincidieron con los programas de residencia de Estados Unidos están en el limbo. Necesitan sus visas J-1 antes de julio, pero con tantos servicios consulares estadounidenses cerrados a nivel mundial, todo es una carrera contra el tiempo.

    «En general, hay mucha ansiedad en el aire sobre lo que va a suceder, porque gran parte está realmente fuera de nuestro control en este momento», señaló Basim Ali, un pakistaní de 24 años que ingresará a un programa de residencia médica en Texas.

    Ali está en contacto con cientos de otros médicos en todo el mundo que fueron aceptados en los programas de EE.UU y estima que cada uno ha invertido entre $10.000 y $15.000 en el proceso. «Las personas a veces obtienen préstamos para no quedarse cortos», reveló. «Mi inversión en este proceso tiene ya varios años».

    Los expertos consideran que la necesidad de profesionales médicos extranjeros es clave para remediar la crisis sanitaria en EE.UU. «Si tenemos una disminución en el número de proveedores de atención médica, y sin contar que ya necesitamos más, entonces corremos el riesgo de no poder tratar a las personas», advirtió William Pinsky, presidente y director ejecutivo de la Comisión Educativa para Graduados Médicos Extranjeros.

    Pinsky es optimista de que el problema se resolverá, después de semanas de diálogo que condujeron a una actualización del Departamento de Estado y que él considera un compromiso para procesar las visas J-1 y H-1B para los médicos. Un portavoz de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de EE.UU informó que los peticionarios pueden presentar una solicitud para acelerar sus casos si cumplen con los criterios requeridos.

    No obstante, muchos trabajadores de la salud no tienen claro su estado, y el abogado de inmigración Greg Siskind, con sede en Memphis, sostuvo que «todavía es un gran caos». «Básicamente, emitieron una o dos oraciones crípticas para decir que tratarán a los médicos de manera diferente a todos los demás, pero la comunicación es deficiente y no está del todo claro exactamente qué quieren decir», señaló.

    Siskind cree además que el proceso podría ser mucho más simple, y remarcó una decisión reciente del Departamento de Estado de eximir de las entrevistas en persona a los peticionarios de visas de trabajo temporal H-2, la categoría utilizada para los trabajadores en los hoteles del presidente Trump. «¿Por qué deberían, incluso, estar haciendo entrevistas en persona [para los médicos]?», se preguntó. «¿Es que los trabajadores de hoteles son lo suficientemente importantes como para poder evitar el proceso de entrevista, pero los médicos no?».

    Para los abogados de inmigración como Siskind, el sistema ya tenía fallas antes de la pandemia de coronavirus. Miles de médicos indios con visas H-1B llevan actualmente una espera de 20 años para recibir sus codiciadas tarjetas de residencia, precisó. «Sólo queremos maximizar los recursos en el sistema de salud en este momento», afirmó. «Y hasta donde sabemos, no hay una sola persona en ninguna de estas agencias [gubernamentales] que esté encargado de resolver esto».

    Malhotra es corresponsal especial de The Times.