jueves, mayo 16, 2024
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Las heces no mienten: lo que los «forenses» fecales nos dicen sobre la dieta

MEDSCAPE (MBM).- La iluminación llegó cuando Lawrence David, Ph. D., estaba charlando un día con un ecologista que estudia los microbiomas y las dietas de los grandes herbívoros en la sabana africana. David tenía envidia. Había estado estudiando el microbioma humano y este ecologista tenía toneladas de estadísticas animales que eran mucho más específicas que las que David había obtenido de las personas.

«¿Cómo diablos se obtienen todos estos datos dietéticos?», David recordó haber preguntado. «Obviamente, no les preguntó a los animales qué comían».

Todas esas estadísticas específicas provinieron de la secuenciación del ADN de excrementos de animales recogidos en la sabana.

En efecto.

Dependiendo de cuándo leas esto, es posible que tengas gorgoteando por tu intestino el ADN de más de una docena de especies de plantas, además de otras tres o cuatro especies de animales. Es el excremento puro extraído directamente de, bueno, las heces.

David y sus colaboradores están analizando el ADN de las heces humanas para comprender mejor la digestión y los vínculos entre la dieta y la salud, lo que podría allanar el camino hacia tratamientos para enfermedades relacionadas con la dieta.

Dieta, ADN y heces

Todo lo que comemos (excepto las vitaminas, los minerales y la sal) proviene de algo vivo, y todos los seres vivos tienen genomas.

«Una fracción decente de ese ADN» no se digiere y luego se excreta, explicó David, Ph. D. y profesor asociado de genética molecular y microbiología en la Duke University, en Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos.

«Estamos utilizando la secuenciación del ADN para reconstruir lo que come la gente», continuó David. «Tratamos de ver si hay patrones en lo que come y cómo podemos medirlos mediante el ADN o algún tipo de análisis genético forense». Luego conectan esos datos con resultados de salud como la obesidad.

El excremento de una persona típica probablemente contiene el ADN de 10 a 20 especies de plantas y tres o cuatro tipos de ADN animal. «Y esa es la persona promedio. Algunas personas pueden tener más de 40 tipos en un momento dado», añadió David.

El estudio del ADN en heces humanas tiene aplicaciones potenciales en la investigación y en entornos clínicos. Por ejemplo, podría ayudar a diseñar estrategias de nutrición personalizadas para los pacientes, algo que ya se está probando. Espera que la información del ADN ayude a «conectar los patrones de lo que comen las personas con sus microbiomas».

Una gran ventaja: las heces no mienten. Al reconstruir la dieta de alguien, las personas olvidan lo que comieron, tergiversan la verdad o no se molestan en llevar la cuenta.

«Las y los pacientes informan sobre la fruta que comieron ayer, pero no sobre los M&M», acotó el Dr. Neil Stollman, jefe de la división de gastroenterología del Alta Bates Summit Medical Center en Oakland, Estados Unidos.

La iluminación llegó cuando Lawrence David, Ph. D., estaba charlando un día con un ecologista que estudia los microbiomas y las dietas de los grandes herbívoros en la sabana africana. David tenía envidia. Había estado estudiando el microbioma humano y este ecologista tenía toneladas de estadísticas animales que eran mucho más específicas que las que David había obtenido de las personas.

«¿Cómo diablos se obtienen todos estos datos dietéticos?», David recordó haber preguntado. «Obviamente, no les preguntó a los animales qué comían».

Todas esas estadísticas específicas provinieron de la secuenciación del ADN de excrementos de animales recogidos en la sabana.

Lo que los científicos aprenden del ADN fecal

El seguimiento del ADN en los alimentos digeridos puede proporcionar datos valiosos a los investigadores, información que podría tener un impacto importante en la orientación nutricional de las personas con obesidad y enfermedades digestivas y otros problemas gastrointestinales y relacionados con la nutrición.

El estudio de David y Petrone de 2023, que analiza el ADN en muestras de heces, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), mostró qué y aproximadamente cuánto comía la gente.

Se dieron cuenta de que los niños con obesidad tenían una mayor diversidad de plantas que los niños sin obesidad. Suena paradójico: ¿un niño que come más plantas no tendría un peso más saludable? «Cuanto más investigué, resultó que los alimentos que son más procesados suelen tener más ingredientes. Por lo tanto, una Big Mac, papas fritas y un café tienen 19 especies de plantas diferentes», precisó David.

En el futuro, continuó, los investigadores tal vez tengan que ser «más específicos sobre cómo pensamos acerca de la diversidad dietética. Quizás no todas las especies de plantas cuentan de la misma manera para la salud».

El trabajo de David proporciona una forma innovadora de emprender investigaciones sobre nutrición, comentó el Dr. Jotham Suez, Ph. D., profesor asistente en el departamento de microbiología molecular e inmunología de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health.

«Necesitamos tener algún medio para rastrear lo que las personas realmente comieron durante un estudio, ya sea una intervención en la que les proporcionamos los alimentos o un estudio observacional en el que dejamos que las personas coman su dieta habitual y lleven un seguimiento por sí mismas», sugirió el Dr. Suez, quien estudia el microbioma intestinal.

El «sesgo del recuerdo» hace que los cuestionarios y las aplicaciones sobre alimentos no sean fiables. Las investigaciones sugieren que algunos participantes pueden subestimar la ingesta de alimentos, posiblemente porque no quieren ser juzgados o porque estiman mal la cantidad que realmente consumieron.

«Hay una gran promesa» con una herramienta como la descrita en el estudio PNAS para establecer conexiones entre la dieta y las enfermedades, afirmó el Dr. Suez. Pero el acceso puede ser un problema para muchos investigadores. Espera que las técnicas mejoren y los costos bajen, pero habrá desafíos. «Este método también analiza casi exclusivamente material de ADN vegetal, añadió el Dr. Suez, «y nuestras dietas contienen múltiples componentes que no son plantas».

Incluso si una persona come simplemente una manzana o un solo pepino, ese alimento puede degradarse en algún otro lugar del intestino y puede digerirse de manera diferente en el intestino de diferentes personas. «El metabolismo, por supuesto, puede ser diferente entre personas», acotó el Dr. Suez, por lo que la cantidad de datos variará. «En su estudio, los datos cualitativos son convincentes. Lo cuantitativo está por verse». No obstante, agregó que podría ser «una herramienta perfecta» para los científicos que quieran estudiar la fibra no digerible, que también es un área importante de la ciencia.

«Lo veo totalmente como una mejor manera de para hacer análisis dietéticos para asociaciones de enfermedades», afirmó el Dr. Stollman, experto en trasplante fecal y diverticulitis, y miembro del consejo del American College of Gastroenterology. El Dr. Stollman atiende a muchos pacientes con enfermedad diverticular que podrían beneficiarse.

«Una de las preguntas centrales en el mundo diverticular es: ¿qué causa la enfermedad diverticular para que idealmente podamos prevenirla? Durante décadas, la teoría ha sido que una dieta baja en fibra contribuye a que aparezca», dijo el Dr. Stollman, pero hacer pruebas de ADN en las heces de pacientes podría ayudar a las y los investigadores a explorar la cuestión de una manera nueva y potencialmente más matizada y precisa. Los hallazgos podrían permitir que la comunidad científica se responda: «¿Las personas que comen X desarrollan pólipos? ¿Es esta dieta un factor de riesgo para la enfermedad X, Y o Z?», elaboró el Dr. Stollman.

Aplicaciones clínicas futuras

La Dra. Brenda Davy, Ph. D., es dietista registrada y profesora en el Departamento de Nutrición Humana, Alimentos y Ejercicio de Virginia Tech. Realiza investigaciones sobre el papel de la dieta en la prevención y el tratamiento de la obesidad y afecciones relacionadas, como la diabetes de tipo 2. También desarrolla métodos de evaluación dietética. Hace más de una década desarrolló una de las primeras herramientas de evaluación rápida para cuantificar la ingesta de bebidas: Beverage Intake Questionnaire, una evaluación que todavía se utiliza en la actualidad.[3]

«La evaluación dietética es necesaria tanto en entornos clínicos como de investigación», afirmó la Dra. Davy. «Si un médico le diagnostica a un paciente una determinada afección, la información sobre los hábitos alimentarios habituales puede ayudarle a prescribir cambios dietéticos que lo ayuden a tratar esa afección».

Las muestras biológicas, como las de heces y orina, son una forma segura y precisa de recopilar esos datos, subrayó. Las muestras se pueden obtener de forma fácil y no invasiva «en una amplia variedad de poblaciones como niños o adultos mayores» y en entornos clínicos.

La Dra. Davy y su equipo utilizan la tecnología de David en su trabajo, en particular, una herramienta llamada FoodSeq,  que aplica metacódigos de barras de ADN a heces humanas para recopilar información sobre los taxones de alimentos consumidos. Sus dos laboratorios ahora están colaborando en un proyecto que investiga cómo los alimentos ultraprocesados podrían afectar el riesgo de diabetes de tipo 2 y la salud cardiovascular.[4]

Hay muchas direcciones hacia las que al laboratorio de David le gustaría llevar su investigación, posiblemente asociándose con epidemiólogos en estudios globales que los ayudarían a expandir su base de datos de ADN y comprender mejor cómo, por ejemplo, el cambio climático puede estar afectando la diversidad de la dieta y aprender más sobre la dieta en diferentes poblaciones.

FUENTE:  Medscape.

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