La historia de La Jornada con Wikileaks

    La historia de La Jornada con Wikileaks

    En noviembre de 2010, el portal Wikileaks eligió a cinco publicaciones internacionales para darles cientos de miles de cables diplomáticos confidenciales: el británico The Guardian, el francés Le Monde, el estadunidense The New York Times, el español El País y el semanario alemán Der Spiegel.

    El 18 de enero de 2011, el fundador del portal, Julian Assange, quien entonces era un hombre libre, se encontró con un miembro del equipo de La Jornada en Londres a quien le confió una memoria USB con miles de cables diplomáticos provenientes de la Secretaría de Estado estadunidense.

    A las pocas semanas de haber difundido inicialmente los documentos secretos, Wikileaks consideró que las publicaciones europeas y estadunidenses a las que cedió esta información ignoraron las condiciones que Sunshine Press, razón social del portal, exigió para difundir la información confidencial: cada nota publicada sobre el material clasificado debía hacer referencia a los documentos en los que se basaba, y éstos serían reproducidos en el portal de Wikileaks, Los nombres de personas inocentes mencionadas en los cables debían protegerse y no divulgarse bajo ningpun motivo.

    Ante esto, Assange y su equipo decidieron entregar la información que aún tenían, separada por países, y entregarla a medios independientes, y el primero en recibirla fue La Jornada.

    Wikileaks fue fundada en 2006 por Julian Assange como una ONG dedicada a difundir información confidencial normalmente generada y considerada “clasificada” por las autoridades estadunidenses. Las fuentes del portal recibían la garantía del anonimato.

    Estas fuentes solían ser particulares que habían prometido confidencialidad por trabajar en algún círculo del poder estadunidense, pero que sentían que alguna de esta información secreta debía ser del conocimiento público, porque las autoridades habían tenido un comportamiento cuestionable que la gente debía conocer. Entonces podían publicar lo que sabían en Wikileaks sin que su identidad fuera revelada.

    El portal se volvió relevante en 2009 cuando obtuvo y publicó 570 mil mensajes de localizadores personales interceptados ilegalmente el 11 de septiembre de 2001, de personas que buscaban desesperadamente a sus seres queridos tras los atentados en las Torres Gemelas y el Pentágono.

    Assange advirtió a La Jornada que para trabajar los archivos que le estaba otorgando se debían utilizar computadoras nuevas que jamás hubieran sido conectadas a internet pues eso ya implicaba un riesgo de ser intervenidos.

    Un analista profesional, o hacker, fue el encargado de decodificar los archivos encriptados, además de descifrar una contraseña para tener acceso a ellos y que no venía incluida en el material, mientras un pequeño equipo de personas leía el material en inglés y lo clasificaban.

    Los documentos estaban sin un orden establecido, un cable seguía a otro sin que hubiera relación temática o temporal entre ellos.

    Una vez concluida la labor de clasificación de los cables diplomáticos, esta se proporcionó a los distintos reporteros y corresponsales del diario para que ellos elaboraran las notas que aparecieron en las páginas del diario y en un sitio online especial para publicar el material que Wikileaks entregó a La Jornada.

    Posteriormente el portal compartió su información con otros medios latinoamericanos que fueron el argentino Página 12, El Comercio de Perú, El Espectador y la revista Semana, ambos de Colombia, el Faro de El Salvador y el Cenro de investigación e información Periodística de Chile.

    En el libro México en Wikileaks Wikileaks en La Jornada, publicado por esta casa editorial en 2012, bajo coordinación de Pedro Miguel, se hace un minucioso recuento de los cables confidenciales filtrados a ese portal sobre México y que se publicaron en estas páginas