DESGARRADOR TESTIMONIO DE LA PERIODISTA BELKIS GENAO: “Detrás de cada feminicidio, hay una historia humana que se pierde, que no se cuenta»

    Belkis Genao (Foto: informativo mas)
    Belkis Genao (Foto: informativo mas)

    SANTO DOMINGO..- Conversar con la periodista Belkis Genao aprieta y engrandece el alma al mismo tiempo. Interesante paradoja en esta profesión de sentadillas donde uno lo va dejando todo con cada tecla que fija su estela –antes en el desafiante papel y ahora en la más benigna pantalla de las computadoras.

    Saber que Belkis fue la pionera de las pioneras en esa tétrica tarea de ir contando nuestras muertas sienta un ejemplo a seguir. Gracias a sus casi titánicos esfuerzos durante muchos años, la sociedad dominicana pudo empezar a conocer con más certeza cuántas mujeres le había ido costando la violencia de género.

    Antes de Belkis Genao, las víctimas de la violencia machista en República Dominicana eran sólo aislados titulares – y a veces ni eso- en un recuento cotidiano de los partes policiales. No más de ahí, pero en ocasiones sí mucho menos.

    Ella, desde las generalmente criticadas páginas de la extinta revista Sucesos, comenzó su andadura, pluma en ristre, buscando por aquí, entrevistando por allá, cuestionando más arriba, inquisitiva siempre.

    Fue aportando cifras, que, cuando eran citadas, muy pocas veces las adjudicaron a sus investigaciones. A Belkis Genao, paciente, humilde y modesta, esos reconocimientos – o mejor dicho, la falta de ellos-, nunca le quitaron el sueño. Lo que sí la dejaba sin poder dormir era el número creciente de víctimas que se iban cobrando los feminicidios, un término, por cierto, que ella fue de las primeras periodistas en utilizar.

    Hablar con Belkis es también llorar con ella por la pérdida de una hija –quién lo hubiera podido adivinar- a manos de un feminicida; es rabiar de impotencia por la falta de justicia para encarcelar al culpable de que sus nietos, de un tajo, se hubieran convertido en sus hijos por haber quedado huérfanos.

    Y como si se hubiera puesto a prueba su inquebrantable deseo de vivir, su optimismo y su incuestionable fe, Belkis también es sobreviviente de los mortales Accidentes Cerebro Vasculares, una afección que limitó sus movimientos, pero no sus sueños ni sus esperanzas.

    Por ahí siempre se la encuentra uno, caminando en búsqueda de alguien a quien dar aliento, a quien brindar su apoyo. Y el periodismo también sigue ahí, presente, aunque tenga que escribir, una a una, las letras de las historias que quiere seguir contando…

    ¿Quisiera que rememoraras cómo comenzaste a hacer periodismo?

    En principio siempre me gustó el periodismo, pero cuando comencé a ir a la universidad, en mi familia nadie quería que yo estudiara periodismo. Entonces me gustaba la crónica rosa. Siempre estaba leyendo todos esos artículos de variedades, como los que publicaban en la revista Vanidades. Y me llamaba mucho la tención ese tipo de periodismo. Incluso, me decía que algún día me gustaría escribir en esa revista.

    Pero por circunstancias de la vida me hice bachiller en educación, y trabajé como maestra. Luego fui a la universidad y seguí mis estudios en educación, pero estaba en mí la chispa de escribir. Por eso fui y realicé un curso técnico de periodismo y aprendí la técnica de cómo hacer periodismo, y comencé como colaboradora en una revista de crónica, no rosa, sino roja, que se llamaba

    Sucesos. Eso fue en el año 1994. Allí buscaba las noticias, las llevaba, pero no estaba como personal fijo en la revista. Luego sí me dieron esa oportunidad, y Sucesos fue mi mayor trabajo dentro del periodismo, donde más me desarrollé.

    ¿Qué te pareció ese choque de la idea romántica que tú tenías del periodismo con lo que luego estuviste llamada a hacer?

    Es que la vida es así. Tú quieres una cosa y se presenta otra. Me gustaba mucho lo que son las notas sociales y esas cosas, pero cuando vi que ese también ese era un tipo de periodismo, me dediqué a la investigación, porque dentro de ese periodismo tuve la oportunidad, y tuve aceptación y también rechazo porque ese era un medio prácticamente nuevo en nuestro país.

    La crónica roja aquí no estaba tan desarrollada. Y terminó gustándome, porque a través de ese periodismo vi que podía ayudar a solucionar algunos problemas sociales, de enfermedades catastróficas, de personas que no tenían ningún tipo de ayuda, y a través de un reportaje podían recibir ese apoyo. Ahí fue también donde me introduje en lo que eran los feminicidios en la República Dominicana.

    En los medios dominicanos se le daba un tratamiento, que yo también llegué a darles por desconocimiento, que incluía el ponerle subtítulos lesivos para las víctimas, que eran las mujeres. En lugar de decirles trabajadoras sexuales les decíamos prostitutas , les decíamos cueros. Y gracias a la investigación, yo pude lograr que esos términos fueran cambiando, dentro de lo que era la crónica roja, cambiar hasta los titulares.

    Y fue ahí también donde me preocupó la cantidad de mujeres que estaban muriendo de forma violenta en la Republica Dominicana y que nadie llevaba en cuenta esa cifra. Comencé a contabilizar, y no pensé que eso iba a calar de la manera que lo hizo en nuestro país.

    ¿Cómo se fue dando esa transformación? ¿Y que fue lo que te hizo a ir más allá en esas investigaciones?

    Como mujer, me preocupaba el tema, porque empecé a contabilizar, en un mes 32 mujeres, y me llamó la atención. Y no sólo que la mujer moría, sino que esas mujeres eran madres, y dejaban niños y niñas en la orfandad, porque muchas veces el esposo mataba y se mataba y entonces esos niños se quedaban huérfanos por partida doble. Me preocupaba también que se hacían pocas cosas con respecto al tema. Y es que detrás de cada una de esas tragedias, detrás de cada feminicidio había y hay toda una historia humana que contar, que a veces se pierde en el camino, y no se conoce.

    Con relación a los titulares noticiosos, eso me fue un poco difícil, porque como periodista no era la encargada de titular y en este país lo que le llamaba la atención a las personas eran los títulos. Yo recuerdo que en un número de la revista, había una prostituta que la mataron porque le había quitado el dinero al hombre, y lo titularon: “La mató porque lo cujeó”, que quiere decir que le llevó el dinero y no le hizo el trabajo.

    Entonces yo dije “Wow, qué título, no, vamos aponer cosas diferentes”. Y fue una lucha, porque no era fácil trabajar con los jefes de redacción, porque en este país lo que vende en un medio de comunicación, lamentablemente, no es el hecho en sí, no es el problema en sí, sino el trato y la forma que le dan a ese caso para que resulte atractivo a sus lectores. Porque lo que se busca es vender, no se busca el modo de sensibilizar de que no sucedan más esas cosas, y no se le da el tratamiento a la noticia que se le debería dar, por la misión social que tenemos los periodistas y los medios de comunicación.

    ¿Se llevaban cifras aisladas de los feminicidios?

    Así es, no se llevaba una contabilidad de cuántos eran, a pesar de que yo tenía fuentes como la Policía, la Fiscalía, los pueblos, de todas partes me llegaban las informaciones. Nosotros éramos los que hacíamos un trabajo más acabado, porque la prensa diaria decía mataban una mujer, y a los dos días, mataron otra mujer, pero en el mes no se sabía cuantas habían muerto. Y hay muchas que las mataban y no se publicaba.

    Yo iba llevando una cuenta e iba totalizando, e investigaba en los casos, porque cada historia es diferente, los hechos varían, y también los motivos. Aquí no se llevan bien las estadísticas. A veces se informa: murió una mujer, pero no se sabe de qué, ni por qué, un homicidio, y no lo catalogan como feminicidio. Por ejemplo, yo cubría la fuente de Patología Forense. Tú entras a Patología y tú te vas a los datos y te dicen, bueno este mes murieron 20 mujeres, pero el motivo, para poder tipificar esa muerte no lo asientan, no hay un banco de datos con relación a eso. A veces los datos son hasta incorrectos, dentro de las mismas morgues, no dan unas cifras que se pueda considerar que son verídicas. Le cambian a veces hasta los nombres, llegan sin identificación y en ocasiones tienen hasta que sepultarlas, porque si los familiares no se llegan a enterar en dos o tres días, pues esa mujer o ese hombre, hay que enterrarlo, y los familiares a veces el último lugar a donde van es a Patología Forense, cuando se le desaparece un pariente.

    Yo me iba a la Fiscalía y no había una base de datos, en la Policía mucho menos.

    ¿Cuándo tú comenzaste tus investigaciones todavía no se utilizaba el término feminicidio y mucho menos violencia de género?

    Todo eso estaba en pañales. Se estaban haciendo pininos. El Ministerio de la Mujer trataba de hacer algo, pero no había nada. Creo que a esta alturas aún no hay nada en concreto. Pero en cuanto comenzó a difundirse el lenguaje de género, yo empecé a usarlo, y al principio fue un poco difícil porque muchas veces los términos no me los querían aceptar. “Eso es un asesinato, es un homicidio”, me decían, y yo argumentaba, pero se trata de una mujer, vamos a ponerle feminicidio, porque ya está catalogado que la muerte violenta de una mujer es un feminicidio, no pónle un homicidio, me decían. Pero poco a poco lo logramos, lo fuimos introduciendo y ya en los titulares se hablaba de “tantos feminicidios”, y el término fue calando en las personas, hasta que ya se estableció dentro de los medios, que por lo menos ya usan la palabra feminicidio.

    En esto también ayudaron los esfuerzos de Susi Pola que publicó un libro. Se fue haciendo algo, hasta que eso fue calando dentro de la gente, dentro de la sociedad, hasta que al fin se asumió y se asume hoy en día el término de feminicidio.

    ¿Tú sientes que los expertos en estos temas y la prensa especializada han reconocido en algo tus aportes a todas estas investigaciones?

    Mi trabajo como tal, salvo por Susi Pola que en su libro publicó algo y la revista Quehaceres, que era dirigida por Magaly Pineda, quien resaltó algo, muy mínimo, pero lo resaltó, y la revista A Primera Plana, que editaba la Red Dominicana de Periodistas de Género. Ahí fue donde más se destacó el trabajo que yo hacía, pero como país, ni el Ministerio de la Mujer, ni el Colegio Dominicano de Periodistas tampoco, no se ha hecho nada con relación a ese trabajo. Algunos periodistas que me han entrevistado y han resaltado de que como yo también fui víctima de un feminicidio, pues es por ahí que le han dado cobertura a eso, de que yo trabajando sobre los feminicidios, fui victima de uno.

    ¿Cómo sucedió ese incidente lamentable de tu vida?

    Fue muy duro para mí, porque precisamente en el mes de septiembre del año 2002, yo estaba contabilizando e iba por 75 mujeres, cuando de repente me tocó a mí poner a mi hija en las cifras de las estadísticas de feminicidios en la República Dominicana. Ella también fue víctima de este hecho lamentable.

    Para mí fue fuerte, porque tú nunca te esperas que tengas que involucrarte personalmente en lo que tú estás haciendo. Pero yo tuve que escribir sobre la muerte de mi hija. Preparé una nota, que titulé La Crónica que jamás pensé escribir, que está publicada en algunos medios. Fue muy fuerte, muy fuerte, porque tú no estás preparado para eso, y yo, cuando iba a trabajar un caso sobre un feminicidio, me ponía en el lugar de la persona que había perdido a su hija o su hermana o su sobrina. Y luego me tocó a mí, pero en mi dolor, también estaba sintiendo el dolor ajeno, porque ya yo también lo había sentido cuando había escrito sobre todas esas historias, de esas madres que habían perdido sus hijas, que habían hecho todo, que habían ido a poner una querella.

    En mi caso yo no llegué a poner una querella, pero tuve que pasar por ese proceso, que es fuerte y es doloroso. Entonces eso me ayudó a profundizar más y a seguir escribiendo sobre estos actos de feminicidios, ya desde otro punto de vista, porque ya tuve que vivir, porque me quedaron dos niños huérfanos, y un proceso judicial que todavía no ha concluido.

    ¿Si no pusiste una querella, como procedió el caso?

    No teníamos una querella, en el sentido de que nosotros no habíamos visto el maltrato del esposo de mi hija. Cuando la persona es maltratada, pero no hay una querella, no hay antecedentes, y eso ayuda al victimario, pues pudo haber sido algo del momento, porque ellos aparentemente se llevaban bien, no había habido ni una queja, ni una querella.

    ¿Y en qué ha quedado todo este proceso legal?

    El feminicida, el asesino de mi hija está en la calle, aunque está condenado a quince años. En principio, cuando se dio el caso, fue a la cárcel, pero como una jueza lo favoreció, y le cantó homicidio involuntario, que en nuestro país lleva una pena máxima de dos años, y entonces ya teníamos dos años y tres meses en el proceso. Nosotros seguimos el proceso, porque el Ministerio Público había pedido 20 años, y apeló esa decisión de la jueza. En ese proceso pasaron tres años, apoderaron de nuevo al Ministerio Público y se fue a un juicio de fondo a un tribunal colegiado. Allí fue condenado a quince años, porque se comprobó que sí que había habido un homicidio voluntario, pero como no se pudo comprobar la intención, porque no había antecedentes, la pena fue de quince años.

    En la justicia hay varios procesos a los que los imputados tienen derecho. Tiene derecho a una apelación y él llevó todos los procesos, el se presentó en todos los procesos. En apelación le confirmaron los quince años, en casación también. El ultimo proceso era el de aplicación de la pena y ahí también le confirmaron quince años. Hasta ahí llega la decisión del juez, que emite una sentencia donde hay que localizar a la persona, para proceder a un arresto. Yo, como soy la persona agraviada, soy la que tengo que salir a buscar a esa persona, a localizarlo, a ir para que lo apresen. Entonces, yo no puedo hacer eso, porque esa persona puede arremeter contra mí, porque yo soy la única persona que puede hacer eso. Yo soy su contrincante, y en el momento en que esa persona me vea puede hasta dispararme. Yo no sé en qué condiciones anda, no sé si anda armado.

    El feminicida se llama José Nazario Jiminián Vargas, y entonces era cabo de la Fuerza Aérea. Él fue destituido, y fue condenado, pero está en la calle. El caso de mi hija tiene ahora 16 años, y él no ha hecho contacto con los niños. A mí me dieron la custodia de los niños, pero ya la hembra es mayor de edad y el varón casi tiene 18 años.

    Luego sufriste un accidente cerebro vascular…

    Yo estaba en el proceso judicial, cuando en el 2009 sufrí un accidente cerebro vascular, que gracias a Dios estoy viva, y me estoy manejando, porque el 10% de las personas que sufren ACV mueren, y otro 5% queda parapléjico, que no se puede mover de una cama. Yo gracias a Dios puedo caminar, y hasta saltar.

    En cuanto me pude levantar me dirigí a la Fundación de ACV, que fundó Féliz Vinicio Lora, que también sufrió un accidente cerebro vascular, y ahí estoy, colaborando con ellos, en lo que está a mi alcance.

    También estoy participando en grupos sociales en lo que puedo, porque tengo que estar activa. Actualmente llevo dos años como presidenta de la Sociedad de padres de la escuela donde estudian mis hijos, en el liceo Simón Orozco, en Santo Domingo Este. Muchas personas piensan que después de un accidente cerebro vascular no hay vida, y yo le digo que sí hay vida, que sí se puede, que todo depende de la actitud con que tú tomes la situación. No sólo el accidente cerebro vascular, sino cualquier tipo de enfermedad que te afecte. No puedes hacer una cosa, pero puedes hacer otra cosa. Yo siento que puedo aportar mi grano de arena a la sociedad, porque cuando visito a una persona que ha sufrido un accidente cerebro vascular y me muevo hacia allá y le digo tú puedes, levántate, vamos, camina, haz esto y haz lo otro, estoy colaborando. Hay otros que están postrados y les llevamos un paquete de pampers, un medicamento, lo que podamos hacer por ellos.

    ¿Actualmente recibes una pensión como periodista?

    Sí del Ministerio de Hacienda, y le agradezco al Colegio Dominicano de Periodistas y al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, que hicieron grandes esfuerzos para que yo pudiera recibir una pensión del Estado, y se lo agradezco porque de ahí es que he logrado mantenerme.

    ¿Que tú piensas de tu vida que te ha tocado abrir tantos caminos, chocar con tantos escollos?

    Mira, yo estoy super agradecida de Dios, porque algún propósito yo tengo aquí en la Tierra. Si te digo cuántas cosas he sobrevivido. El otro día analizaba, y soy feliz, soy feliz, porque me han tocado momentos duros, pero también me han tocado momentos muy buenos. He conocido Cuba, también fui a México y eso fue maravilloso. Conocer Panamá y Estados Unidos. He tenido grandes cosas. Tuve dos hijas maravillosas y tres nietos que son fabulosos. Es decir que no sólo se puede ver lo negativo que le ha pasado a uno en la vida. La vida a mí me ha dado grandes oportunidades. Yo he tenido la oportunidad de conocer lugares que yo ni me imaginaba que podría conocer algún día. He disfrutado momentos en la vida extraordinarios, y lo más importante, tengo mucha gente que me ama y me aprecia y ese es el motor para vivir cada día más, a pesar de los pesares.

    ¿Algún mensaje para los periodistas más jóvenes?

    Sí, me gustaría que siguieran trabajando sobre las estadísticas de los feminicidios, que se haga un banco de esos datos, que aquí no los hay. Alguna institución, algún medio, que se preocupe por eso, porque hacer unas estadísticas en cualquier país sobre cualquier tema, conlleva dinero y tiempo, entonces aquí nadie se ha preocupado por eso. Hay muchas en las que trabajar, muchas cosas que profundizar. Hay un montón de niños que se quedan huérfanos. El final de esos niños nadie lo sabe. Debe dársele seguimiento a esos niños. ¿Y qué se puede hacer con los hombres? Buscar mecanismos para que esa violencia desaparezca, no que disminuya, sino que desaparezca. Yo siempre he dicho que hay que trabajar en los grados primarios, desde que el niño tiene cinco a siete años. La base está ahí en la educación, trabajar con los niños y las niñas. (Fuente: Informativo Mas).